Caminos del exceso. William Blake y el Marqués de Sade de E. L. Revol

Frente al fracaso del mito de la razón, las dos figuras estudiadas por Revol se sitúan fuera de la historia y de su sentido –que es la forma más persistente de dicho mito. Blake, por su lado, mediante un intento de retrotraerse a un estado no escindido, no dividido entre naturaleza y cultura, traza una crítica de los hechos objetivos del presente reivindicando esa hipóstasis de la unidad que llamó imaginación. Sade, a su vez, negaría los conceptos míticos de la historia –el progreso, el sentido desenvolviéndose en la teleología del espíritu– a través de un materialismo que Revol califica de absoluto, fuera de toda dialéctica y por lo tanto presa del “nihilismo más sombrío”. Así, mientras Blake se aferraría al fondo común de la infancia humana, unidad de los hombres antes del habla, estado de indigencia que es pura potencialidad y que permanece como división originaria en cada cuerpo ya dentro de una lengua y una cultura dadas; Sade, en cambio, habría profetizado la historia material, no progresiva, es decir, las catástrofes con que la época contemporánea llevara el cuerpo al lugar de la cosa, lo mismo que había hecho con la naturaleza dominada, metonimias de lo disponible para ser usado, reemplazado, descartado.

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